Qué sería el lenguaje

La batalla de género se ha desatado en todos los ámbitos, y el del lenguaje es uno de ellos. La reflexión sobre el uso de pronombres inclusivos de la diversidad de género implica pensar sus posibilidades pero también sus límites. Si toda nominación lingüística entraña una cierta homogenización, ¿sería fructífera esta lucha a nivel pronominal?

“Cuando me hiciste otro, te dejé conmigo”

Porchia

Repensar concepciones obvias permite encontrar ambigüedades ocultas. Entonces, resulta pertinente volver sobre el lenguaje, revisar una serie de interrogantes que devienen de temas aparentemente resueltos, pero no con el objetivo de buscar soluciones, sino más bien de crear un espacio de reflexión.

El lenguaje ha sido estudiado desde lo filosófico, artístico, teórico, sociológico, lingüístico, psicológico, etc. A pesar de las distintas contribuciones permanece en deuda al momento de debatir con problemáticas actuales como las vinculadas al género. Una de las causas responde a cierta falta de reflexividad por parte de las academias de la lengua española acerca de los usos del lenguaje inclusivo, así como de sus límites.

Ni “él” ni “ella”: Suecia incorpora un pronombre no sexista al diccionario

¿Es identidad?

Al parecer las palabras son indispensables en la constitución de la identidad. Por ejemplo, en los pronombres personales «ellos» y «ellas», las personas que se nombran dentro de estos grupos están separadas por su género. Partiendo de esta premisa, inevitablemente se crea la figura del otro, tanto entre hombres y mujeres, como entre quienes no se encuentran identificados dentro de estos pronombres hegemónicos, especialmente miembros de la comunidad LGBTIQ.

Se puede pensar que el verdadero problema recae en la necesidad de encontrar o crear palabras que ayuden a constituir identidades, pero esto remitiría a un reduccionismo del lenguaje. Es decir, cuando hablamos de “ellos” ¿cuántas palabras harían falta para definir ese “ellos”?; más aún, quienes se encuentran agrupados allí ¿serían todos iguales por compartir el mismo pronombre?; y si así lo fuere ¿el pronombre es suficiente para definir una identidad?

«Velar porque la lengua española, en su continua adaptación a las necesidades de los hablantes, no quiebre su esencial unidad”

¿Se pervierte?

Cuando remitimos al dilema de los pronombres, aparece el limitante de cómo definir al “ellos”, “ellas” o “elles”. Se entiende que todos no son iguales: Dependiendo del contexto y la época, el lenguaje oral y el escrito se van modificando, ya sea con palabras que ya existen o creando nuevas palabras que permitan representar lo que se habla. Esto significa que el lenguaje está destinado a transformarse en relación a la sociedad.La intención de añadir un pronombre inclusivo por parte de la comunidad LGBTIQ es un acto transgresor y necesario en el proceso de transformación. Sin embargo, el riesgo es convertir al lenguaje en una herramienta que responda únicamente a un fin político. Dicha operación no sería distinta de lo que ocurre con los pronombres existentes, que de por sí limitan y establecen fronteras unos con otros.“El verdadero problema recae en la necesidad de encontrar o crear palabras que ayuden a constituir identidades, pero esto remitiría a un reduccionismo  del lenguaje.»No puede descuidarse la potencialidad de la palabra oral y escrita, que trasciende la representatividad como única función del lenguaje. Caso contrario, los pronombres actúarían como formas homogeneizadoras de género, se respondería a un uso perverso del lenguaje por situarlo en una condición utilitarista.

Del lenguaje sexista a una agria polémica entre académicos.  

¿Es un monstruo?

A partir del siglo XVIII, con la creación de la Real Academia de Lengua Española se han ido estableciendo barreras sobre lo que se considera legítimo. En la actualidad, la comunidad LGBTIQ insiste en que se practique un lenguaje inclusivo, y pide que desde la asociación de academias se incorpore un pronombre no sexista.“La intención de añadir un pronombre inclusivo por parte de la comunidad LGBTIQ es un acto transgresor y necesario en el proceso de transformación.”

Es interesante reflexionar acerca del porqué de la legitimación de tal o cual palabra. En esa discusión interviene un sector hegemónico representado por los académicos que están a cargo de velar por la lengua española. Por ejemplo, observemos la legitimación que se produce a partir de la figura del diccionario, que está bajo la responsabilidad de la academia. Ese diccionario puede compararse a un gran monstruo que se come todo cuanto no sea de su agrado. Quienes no se atreven a enfrentarlo, cuestionarlo y debatir con él, quedan sumisos y excluidos, obligados a ir por un camino que transitan las palabras que el monstruo va dejando a su paso.Este monstruo a la larga caerá en el absurdo, porque se comerá a sí mismo una y otra vez, ya que siempre necesitará de una palabra más para definir a la que precede.

“En el caso del castellano el objetivo sería conseguir que, aparte del lenguaje inclusivo, exista el pronombre elle para las personas de género no binario_

¿Es político?

Refiriéndose al arte, Jacques Rancière (2011: 33) menciona que “es político por la misma distancia que toma respecto a sus funciones”. Si cambiamos el arte por el lenguaje, la aseveración permite reflexionar sobre dos cuestiones fundamentales propuestas por el autor. La primera, el lenguaje no es político si se lo utiliza únicamente como representación de identidades de los grupos sociales, y segundo, no es político por los mensajes y los sentimientos que transmite acerca del orden del mundo.

Cuando ejerce radicalmente uno de los dos lugares, el lenguaje pierde su carácter político e instantáneamente se convierte en un simple instrumento con fines limitados. Es la característica relacional lo que le posibilita potenciar su carácter político, creando una escisión en un espacio-tiempo. Entonces, siguiendo los lineamientos de Rancière el lenguaje sería político cuando opera un recorte del espacio material y simbólico.

Nosotros o ustedes, él o ella

¿Trasciende?El lenguaje y el significado trazan y delimitan fronteras constantemente. El pensamiento actual pareciera estar inmerso en lo binario, por lo que una de las mayores dificultades radica en salir de las dicotomías. Anteriormente, se señaló que el desafío no es hacer uso de las palabras para crear una otredad, en vista de que el lenguaje no es sólo una herramienta representativa o comunicacional. Si así lo fuere, entonces regresaríamos a la metáfora del monstruo que carga consigo significantes limitados y perversos, con la finalidad de reducir al mínimo la representación del mundo.“El diccionario puede compararse a un gran monstruo que se come todo cuanto no sea de su agrado.”

 Repensar al lenguaje nos permite encontrar sus ambigüedades escondidas. El riesgo de este ejercicio puede llevar a la estupidez si se lo piensa con un fin meramente utilitario, y el acierto, a valorar la potencialidad que posee, como un espacio donde no existe exclusión, ni tampoco se delimitan significados que carezcan de la posibilidad de ser cuestionados. El lenguaje es, pues, un lugar que enriquece la reflexión crítica superando el pensamiento binario y tomando en cuenta a todos los sectores sociales, sobre todo, con la capacidad de trascenderse a sí mismo, sin perder su esencia.

 

Título del artículo publicado por el periódico “La voz” 1/4/2015.  http://www.lavoz.com.ar/ciudadanos/ni-el-ni-ella-suecia-incorpora-un-pronombre-no-sexista-al-diccionario

 Fragmento de los orígenes de la RAE. De los estatutos vigentes, aprobados en 1993, establecen como objetivo fundamental de la Real Academia Española. Este compromiso se ha plasmado en la denominada política lingüística panhispánica, compartida con las otras veintidós corporaciones que forman parte de la Asociación de Academias de la Lengua Española (ASALE), creada en México en 1951. http://www.rae.es/la-institucion/historia/origenes

 Titular de una artículo publicado en el periódico “El país” 20/10/2016  http://cultura.elpais.com/cultura/2016/10/18/actualidad/1476815583_504340.html?rel=mas

 Fragmento de la publicación “Juntes cambiaremos el mundo” 1/7/2016http://www.proyecto-kahlo.com/2016/07/juntes-cambiaremos-el-mundo/

Bibliografía:

Rancière, Jacques (2011): “El malestar de la estética”. Buenos Aires: Capital Intelectual.

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