Teletrabajar ¿Y eso qué sería?

-¿Te imaginas teletrabajando?

– Teletrabajando… ¿Y cómo sería eso? 

-Trabajar desde tu casa con una pc, por ejemplo. 

-Ah, sí. Me imagino, pero me siento más comprometida trabajando en otros lados. 

La respuesta se repite a lo largo de las entrevistas realizadas a jóvenes egresadxs de escuelas secundarias técnicas. El concepto teletrabajo se presenta rodeado de incertidumbre, rechazo y miedo. Resulta sorprendente imaginar a la “generación z” o centennials desconociendo el término y prefiriendo la presencialidad al empleo a distancia. 

La regulación acerca del teletrabajo o trabajo a distancia comenzó en 2018, impulsada por la aparición de las fábricas inteligentes, es decir, industrias 4.0 como una revolución industrial del sistema productivo. No obstante en 2020, la repentina irrupción de una pandemia mundial tal como es el Covid-19 apremió legislar en materia de trabajo a distancia debido a la cantidad de puestos de trabajo en peligro. 

¿En qué tipos de trabajadorxs estamos pensando cuando decimos “teletrabajo”? 

Seguramente la imaginación nos lleve a unx oficinista, a unx docente, unx contadorx. Las imágenes sobre el teletrabajo también nos dicen mucho. Basta con abrir cualquier nota o artículo periodístico en internet para encontrar paisajes repetidos que representen al teletrabajo: personas trabajando con una taza de café humeante a un costado, escritorios amplios, computadoras de última tecnología. ¿Todxs lxs que teletrabajan lo hacen de esa forma?

Algunos puntos controversiales en las propuesta de ley tienden a pensar la premura con la cual se han escrito sin tomar en cuenta algunas particularidades del territorio donde se prevé legislar. La brecha digital incluye mucho más que una imposibilidad de conexión en determinados puntos del país.

La falta de accesibilidad a equipos tecnológicos y la ausencia de educación en materia digital colocan a lxs futurxs trabajadores residentes de zonas alejadas a las grandes capitales en condiciones desfavorables si se compara con sus vecinxs o incluso, con teletrabajadores proveniente de distintos países. Un punto interesante para examinar sobre la ley es la previsión de contratar un cupo de empleadxs extranjeros por empresa y cómo esto puede desencadenar en futuros tipos de discriminación junto con la posibilidad de elegir no contratar empleadxs de zonas menos conectadas en términos tecnologicos. 

Lejos ha quedado la posibilidad de acceder a determinados puestos laborales sin contar con títulos superiores de educación y formación profesional. Lxs jóvenes lo entienden y se preocupan por ello. Sienten un halo de esperanza en encontrar un trabajo digno en términos de condiciones laborales y se capacitan. Invierten tiempo y recursos propios además de los ofrecidos por el Estado para aumentar sus credenciales académicas. 

En términos prácticos, se podría pensar de forma apresurada que aquellxs estudiantes graduados de escuelas secundarias técnicas poseen una futura trayectoria laboral marcada por su especialidad. Empero, ellxs tampoco escapan de la incertidumbre que representa el pasaje escuela-trabajo y las dificultades de contratación que conocen de la mano de sus generaciones anteriores. 

La preocupación común, sin dudas, es la falta de experiencia laboral que lxs aleja de la mayoría de los trabajos a los que aspiran. Allí el abanico se abre: cualquier puesto podría ser una buena opción, mientras acepte la corta experiencia laboral que puede tener unx joven que terminó el secundario hace meses.

Robert Castel explicó la particularidad del empleo joven: la precarización de este sector. 

Empleos en malas condiciones laborales tienden a tomar jóvenes en sus empresas, adjudicando la enseñanza de un empleo y al verse desprovisto de otras posibilidades mejores son aceptados sin pensar en sus consecuencias. Sumado a esto, algunxs jóvenes conocen la imposibilidad de conseguir un primer empleo estable y deben tomar trabajos temporales o pequeños proyectos durante la mayor parte de su vida laboral.

El teletrabajo, explicado en la gran mayoría de las fundamentaciones de los proyectos de ley, viene a reparar este “error del mercado” debido a los inferiores costos de infraestructura para las empresas y con ello, se aumentaría exponencialmente puestos de teletrabajo aptos para las nuevas generaciones que, se cree, son nativos digitales. 

Sin embargo, lxs centennials siguen pensando en la fábrica como único modelo posible de empleo. Conocen la tecnología y la utilizan para su vida diaria. Se especializan en nuevas tecnologías las cuales poseen al internet como base de su existencia, empero, no logran imaginarse sentadxs frente a una computadora diez horas por día con vista a su habitación o la heladera de la casa. Aún se imaginan dentro del modelo industrial de producción. 

Lo cierto es que la idea del teletrabajo como panacea del futuro del trabajo podría no ser tan evidente. O al menos el teletrabajo podría no ser una opción que todxs elijan en el futuro.

Lxs jóvenes entrevistadxs, al ser consultadxs por sus perspectivas laborales a futuro, recurren a un acervo de ideas asociadas con su formación en la escuela técnica. Los trabajos en distintas industrias aparecen como posibilidades futuras, tanto como las opciones de desarrollarse como autónomos, reparando celulares o instalando aires acondicionados. Cuando rastreamos sus experiencias laborales previas o actuales aparecen la construcción, mecánica automotriz, retacería.

El modelo industrial, el cual requiere presencialidad para realizar tareas comienza a quedar incómodo frente a las nuevas condiciones de vida, en particular, las cuales incluyen a las pandemias en su panorama resultando dificultoso transitar los espacios laborales, instaurando formas alternativas como es el trabajo a distancia. 

El trabajo trasciende el simple hecho de realizar tareas determinadas en un tiempo establecido por un salario pactado. Trabajar representa poseer una identidad, designa un estatus social y se entrelaza en la vida de las personas de manera tal que el resto de sus actividades se organizan según su tiempo libre por fuera del empleo, tomando a la división del trabajo como un concepto central a la hora de definir las condiciones de vida en una sociedad. 

Incluso post pandemia, numerosas actividades se van a seguir desarrollando en una materialidad irremplazable. Al menos hasta hoy, el motor de un auto no se arregla por videollamada. El válido optimismo que nos genera el teletrabajo no debería hacernos perder de vista que lxs jóvenes también están pensando en trabajos industriales clásicos, presenciales, y es justo que sus expectativas sean consideradas cuando pensamos en el futuro (cercano) del trabajo.

Siendo el teletrabajo la nueva forma de empleo que viene a revolucionar el mercado laboral debido a su bajo costo de implementación y un mayor número de puestos de trabajo disponibles donde las generaciones más jóvenes podrán desarrollarse de una manera innovadora, quizás deberíamos preguntarnos si ellxs, lxs jóvenes, están incorporando este nuevo concepto respecto a la forma de trabajar o si siguen pensando, como sus padres y abuelxs, al empleo presencial como único medio de movilidad ascendente posible. 

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