Y hoy lloras malevo fuerte, vos que nunca lagrimeaste ni temblaste ante la muerte

En los actos institucionales, las ceremonias y los espacios de la Policía Federal, se configuran y reproducen ciertas representaciones en torno a la muerte de los policías. A partir de la figura caído en el cumplimiento del deber la autora observa la circulación de narrativas que posibilitan, sostienen y reafirman el deber ser de un policía.Una de las particularidades de la profesión policial es que sus miembros tienen la portación legítima de armas de fuego. Ellos pueden usarlas en las circunstancias que consideren necesarias, pudiendo matar o morir en consecuencia.Hasta el 1 de enero del año 2016 la Policía Federal actuaba frente a los delitos federales (narcotráfico, trata de personas, entre otros) en todo el territorio nacional y los delitos comunes (robos, violaciones, homicidios, etc.) dentro de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. A partir de entonces comienza el proceso de transferencia de la Nación a la Ciudad de Buenos Aires de las facultades y funciones de seguridad para todos los delitos no federales ejercidos en esa jurisdicción (Proyecto de ley 1/16). Actualmente, la Policía Federal sólo se encarga de abordar los delitos federales en todo el país. El presente estudio se realizó antes de esta transferencia de funciones.En los actos institucionales, a través de la palabra de las autoridades policiales y del Poder Ejecutivo, de las bendiciones de los capellanes y del cumplimiento de estrictos protocolos; la institución produce y reproduce la imagen de sí que se propone promover hacia adentro y hacia afuera. En estos eventos aparecen continuamente representaciones sobre el riesgo de los policías de perder la vida en enfrentamientos armados. A este riesgo se lo reivindica como una cualidad distintiva de la labor, no sólo por las autoridades policiales sino también por otras que no pertenecen a la institución. A este riesgo se lo podría combatir, o al menos minimizar, con una práctica denominada profesionalización. La misma refiere a la necesidad del personal policial de capacitarse constantemente en destrezas y conocimientos útiles para la labor. Este riesgo debería ser aceptado por los policías por su vocación de servicio a la comunidad y su predisposición de dar la vida por la patria. En la ceremonia en la que los policías juran a la bandera este compromiso con la patria queda sellado. Ese día los cadetes o aspirantes se incorporan simbólicamente a la «familia policial». Durante esa ceremonia se reafirman como argentinos, se declaran pertenecientes a la Policía Federal, y se enlazan entre sí y con el resto de los policías. Prometen estar dispuestos a morir por la patria, la bandera y la Constitución Nacional.En las ceremonias en general, y en el Homenaje a los Policías Federales Caídos en Cumplimiento del Deber en particular, se homenajea constantemente a la figura del policía caído en cumplimiento del deber. La mayoría de los discursos de las autoridades policiales los define como héroes que mueren en pos del bienestar de la sociedad. Los caídos aparecen como personas que ofrecen voluntariamente y desinteresadamente sus vidas. Ellos no son “muertos comunes”, por su sacrificio ingresan en el pedestal de la gloria.«Este ritual consiste en el pronunciamiento de la fórmula ‘Honraremos la memoria de los mártires que dieron su vida por la comunidad, evoquemos a los Policías Federales caídos en cumplimiento del deber que viven en el pedestal de la gloria’, seguido del nombre del último caído en cumplimiento del deber»En cada acto institucional, por protocolo, se lleva a cabo la evocación a los policías caídos en cumplimiento del deber. Este ritual consiste en el pronunciamiento de la fórmula “Honraremos la memoria de los mártires que dieron su vida por la comunidad, evoquemos a los Policías Federales caídos en cumplimiento del deber que viven en el pedestal de la gloria.” seguido del nombre del último caído en cumplimiento del deber, finalizando con un fantasmagórico “¡PRESENTEEE!” -realizado sin micrófono y desde un lugar desconocido.Los policías fallecidos pueden ser encuadrados de 4 formas distintas: desvinculados del servicio, en servicio, por acto de servicio y en y por acto de servicio. Sólo algunos de estos últimos pasan por una segunda instancia burocrática donde se los etiqueta como caídos en cumplimiento del deber. Esta categoría representa a quienes han perdido la vida por acciones altruistas, con lo cual, es asociada al heroísmo. De estos rangos se desprenden beneficios simbólicos (honores institucionales, ascensos post mortem, pompa en funerales) y materiales (subsidios y pensiones a sus deudos).En todas las ceremonias del año 2015 y 2016 fue nombrado el mismo agente. En esos dos años sólo un policía fue enmarcado como caído en cumplimiento del deber. Por lo que no importan cuántos policías mueren heroicamente sino que la importancia reside en el “honrar” a los policías muertos en sí. Las historias de los evocados son conocidas solo por los policías que tuvieron algún grado de cercanía con ellos. Sin embargo, aunque no se los conozca, la evocación debe emocionar a todo aquel que pertenece a la institución. Por haber formado parte de las mismas filas policiales, por haber portado el mismo uniforme, el caído es merecedor del recuerdo, la honra y el respeto de los vivos.«La voz institucional termina por definir a la profesión como riesgosa, a la muerte como una posibilidad y a los caídos como héroes.»Estas cuestiones aparecen asentadas en las placas y monumentos presentes en por lo menos tres lugares. En Palermo se encuentra el Monumento a los Policías Federales Caídos en Cumplimiento del Deber, de alrededor de tres metros de altura. En él se ponen de manifiesto los lazos de camaradería que unirían a todos los policías federales entre sí y la protección divina con la que contarían los caídos. En la entrada a la Escuela de Cadetes aparecen tres placas con la letra de una poesía -relatada durante la instrucción policial- en la que se resalta el orgullo de “ser policía”. Este orgullo se muestra íntimamente relacionado con la aceptación de la muerte como posibilidad. Pero no cualquier tipo de muerte, sino una muerte sacrificada en tanto que puede llegar en soledad y ejerciendo la labor policial. El Departamento Central de la Policía Federal tiene su hall de entrada destinado a los policías caídos, donde se destacan dos placas de alrededor de un metro y medio de alto con oraciones dedicadas a los policías caídos, junto a otras 10 láminas con el listado de los policías caídos en cumplimiento del deber. Si bien a estos tres lugares asisten excepcionalmente las personas para las ceremonias institucionales, en el primero transitan diariamente cadetes e instructores, en el segundo policías de todo tipo de rango, y en el último todo el que se encuentre de paseo.La voz institucional termina por definir a la profesión como riesgosa, a la muerte como una posibilidad y a los caídos como héroes. Los caídos son caracterizados como seres con vocación de servicio y sacrificados por el bienestar de la comunidad. Se representan como una fuente de orgullo para la institución policial, y según los policías de desprecio por parte del resto de la sociedad. El culto a los caídos permite a la institución resignificar lo negativo del trabajo -la muerte- en algo positivo -el heroísmo. A través de las representaciones sobre los caídos, la institución produce y reproduce una manera de ser policía: con vocación y dispuesto a sacrificar la vida por el bienestar de la sociedad.«Las representaciones sobre los caídos promueven que los policías federales se identifiquen en un nosotros uniformado, honorable y sacrificable.»Las representaciones se erigen como una entidad sui generis que termina por opacar heterogeneidades. La profesión es riesgosa en su totalidad sin diferenciar destinos ni tareas policiales. Los muertos ofrecen sus vidas en pos de su vocación de servicio sin distinguir tipos ni causales de muerte. Las representaciones sobre los caídos promueven que los policías federales se identifiquen en un nosotros uniformado, honorable y sacrificable. Desde este parámetro moral son medidos los otros. Una otredad que aparece abstracta y difusa, a veces definida como “civil”, otras como “sociedad”; que no se expone a los peligros que ellos sí se exponen, y que además no reconoce ese sacrificio como debería.Badaró, Máximo (2009). Militares o ciudadanos. La formación de los oficiales del Ejército Argentino. Buenos Aires: Prometeo libros.

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