Entre el comercio y la calle, entre la forma y la acción

Buenos Aires “se moderniza”: en siete años, el Gobierno de la Ciudad ejecutó 23 túneles en reemplazo de los viejos paso a nivel. Pero no todos parecen estar a favor “del progreso”.  Desde junio de 2014, vecinos saavedrenses se movilizan bajo la consigna “Sí al barrio, no al túnel”. Así, comerciantes pacíficos, habituados a “sonreír y vender”, hacen política y transforman a la avenida Balbín, de un lugar de tránsito a un espacio de protesta.

Llego al local de Carina un poco atrasada. Me acerco incómoda por los minutos que pensé le hice esperar. Pero ella, detrás de un mostrador abarrotado de fiambres, quesos y una imponente caja registradora con el cartel de “Sí al barrio. No al túnel”, no parece haberlo notado. Me saluda con una sonrisa y un leve movimiento de mano. Ahora espero yo mientras ella atiende a un cliente. Busco un lugar para no obstaculizar el movimiento de los compradores, pero es difícil. La mercadería satura las paredes: galletitas, dulces, arroz, reduciendo aún más el pequeño espacio libre que me queda. Y los clientes van del mostrador a la pared, entrecierran los ojos, miran los precios, tocan, dejan, toman… y al mostrador de nuevo.

Vine –pensé– en un día ajetreado. Aunque para Carina todos los días lo son. Estaba acompañada de una chica joven, Ana, que estrenaba su primer día como empleada. Mientras atendía, resolvía sus dudas: desde los precios hasta cómo cortar el queso. Carina va de acá para allá, atraviesa el mostrador cuando un proveedor llega, discuten por la suba de un precio. La llaman por teléfono, vuelve a dar indicaciones a Ana. Su impronta enérgica, sus pasos precipitados pero resueltos habían llamado mi atención en el corte en la avenida Balbín que “vecinos y comerciantes” realizaron el miércoles de esa semana.

Una “problemática política”

Encuentro un lugar y me acurruco cerca de las galletitas. Termino de leer el cartel del mostrador: ¿Por qué se oponen los vecinos y comerciantes? Divide al centro económico y social del barrio. Aleja las paradas de los colectivos y perjudica a las personas con movilidad reducida. Funciona como reservorio, al inundarse el barrio, anulando la única arteria de emergencia para el paso de ambulancia y bomberos, continúa.

Carina se acerca y me pide disculpas por el retraso. Inmediatamente aclara: “No me gusta hablar de política. Bah, no soy de hablar de partidismo. Pero esta problemática es política”. La “problemática” es el túnel que el Gobierno de la Ciudad proyectó a dos cuadras de su local, bajo las vías de la estación Saavedra. El objetivo oficial es la “mejora en el flujo vehicular al disminuir los tiempos de recorrido” y, como analogía con la organicidad del cuerpo, “descongestionar arterias”. Para ello, se busca eliminar progresivamente los pasos a nivel pensados como “fracturas de la trama urbana”. Los túneles se multiplican en una ciudad “en constante movimiento”: hasta ahora son 23. María Eugenia Vidal, actual vice-jefa, anunció con orgullo que este “gobierno progresista en los hechos” ejecutó más bajo niveles de los que se hicieron “en los últimos cuarenta años”. Así se “moderniza” Buenos Aires.

Carina tiene cincuenta y cuatro años y vive en Saavedra desde los cinco. Su vida laboral siempre fue en el comercio: veinte como empleada, quince como dueña. Nunca militó, pero dice que en sus años como empleada aprendió a “perder la vergüenza”. Se mueve, habla y piensa con rapidez. Antes de continuar con la “problemática”, un recuerdo se anticipa en su relato:

El primer problema que experimenté en el barrio fue hace treinta años. Saavedra sufrió una expropiación. En la zona parqueada que ves, antes había población: casas, familias, comercios.

Por ahora, Balbín continúa sin túnel. Alguna que otra voz arriesgada propuso ir a Plaza de Mayo pero no tuvo eco. Carina aclara: “No nos animamos a tanto, nos quedamos en el barrio. Nosotros somos pacíficos, somos comerciantes”.Con la pretensión de unir el norte con el sur, el proyecto de la última dictadura militar fue hacer una serie de autopistas urbanas que atravesaran la ciudad. En 1977, el brigadier Osvaldo Cacciatore, intendente de Buenos Aires, ideó el proyecto de la “Au3” que nacería en Saavedra. Hileras de topadoras amarillas presagiaron el comienzo del fin. Se “despejó” la zona expropiando y demoliendo viviendas y comercios. Finalmente, el arrase quedó irregular e inconcluso con la suspensión de las obras a mediados de 1981. La autopista “fantasma” dejó un barrio poblacional y económicamente reducido y emocionalmente destrozado.

Se le pagaron a los vecinos precios viles. Yo vi a gente que había terminado de construir, de reformar las casas, y se las tiraban abajo. Hubo gente que murió por esa causa. Fue muy doloroso para Saavedra. Fue una destrucción total, sacaron la mitad del centro comercial.

En su relato el lugar vivido emerge como presencia de ausencia. Lo que se muestra señala lo que ya no está. No hay, dice De Certeau, sino “lugares encantados por espíritus múltiples, agazapados en silencio y que uno puede o no evocar” (2000: 121). Carina los evoca porque están más vivos que nunca cuando habla del túnel:

Treinta años después vienen con la novedad de que quieren construir un túnel. Ahí empezó mi movida.El comercio, el barrio y el progreso

 

Desde junio de 2014, un mes después de realizada la audiencia pública donde tres “expertos” (dos ingenieros y un arquitecto) presentaron la planificada obra, los comerciantes iniciaron una protesta pública en el barrio. El punto de reunión era la esquina de Balbín y Tronador.

Al principio nos quedábamos paraditos con los carteles “No al túnel” del lado de la vereda. No teníamos experiencia en manifestaciones. Pensábamos cómo íbamos a hacer para juntar gente. Algunos decían “traigan un altoparlante, algo”. Yo miraba y me preguntaba “¿qué hacemos todos acá con los carteles?” De este modo, Carina relata la incertidumbre que atravesó la primera salida. Llamaron a los medios de comunicación pero nadie fue. El impacto que esperaban conseguir con su exposición no sólo resultó infructuoso sino que, por el contrario, generaron aún más confusión entre los transeúntes de la avenida.

Nos miraban como a locos. Y se generó la idea en mucha gente de que solo defendíamos el centro comercial, que estábamos en contra del progreso. ¡Los autos van a usar nuestro barrio como un corredor! ¿Qué entienden ellos por progreso?

Más tarde, la “Asamblea de Vecinos Inundados” (víctimas de las trágicas inundaciones de 2013) y Benito, conocido militante «urquicense», se unieron a las movilizaciones. Con dudas, temores y ciertas resistencias internas decidieron “bajar el cordón”, ocupar un carril de la avenida y recorrer a pie el tramo donde los expertos planearon el túnel. Incorporaron una bandera argentina con la leyenda “No al Túnel” y bombos que sacudían la avenida al compás del  movimiento de chicos de la murga barrial. Carina y Benito dirigían la marcha y le imprimían su carácter: indicaban cuándo tomar la amplia bandera y comenzar a caminar, cuándo detenerse, y hasta el ritmo de su paso: “Tranquilos, caminen tranquilos que cuando hagan el túnel los autos van a ser los que pasen rápido”, exclamaba Carina. Incluso en los momentos en que la marcha se detenía, atravesaba el tráfico estancado y las caras largas de los automovilistas para distribuir folletos. Finalmente, cada evento se cerraba con un breve discurso pronunciado por ella.“En esta ‘colisión fugaz e inestable’ entre forma (materialidad) y política (acción humana), entre Estado y sociedad, una parte de Balbín, una vez a la semana, dejaba de ser avenida “productora de tráfico” y se transformaba en la calle donde se resiste al túnel”.Cada uno que vino hoy está luchando por el otro que no viene. Ésta la vamos a ganar. ¡El túnel no se va hacer! Vamos a defender el barrio. Si somos saavedrenses tenemos que estar acá. No somos una multitud como piden algunos, no importa. Los que somos, somos bastantes. Somos bastantes los que tenemos las ideas bien puestas en este barrio. Así que no vamos a dejar que lo hagan. Tenga las consecuencias que tenga, por ahí “violentas” para algunos. Pero lo vamos a defender hasta el final (julio de 2014).

Con la policía tienen, dicen los comerciantes, una “buena relación”. Reunidos en Balbín y Tronador siempre esperaban al patrullero de la comisaría que procedía a cortar una parte del tráfico, liberando un carril de la avenida para la movilización y otra para los autos.

En agosto, Balbín amaneció con un obrador que vaticinaba la inminencia del túnel. Pero los comerciantes no se detuvieron. Iniciaron un amparo al mismo tiempo que continuaron con las marchas.Planificar y apropiar. Circular y habitar

Le oí decir a una comerciante que finalmente “ganaron la calle”. Otros, un poco más exagerados, hablaban de “revolución” en el barrio. A veces, los encontré menos eufóricos y desalentados por la poca gente que asistía a las marchas. Lo cierto es que los comerciantes, habituados a “dar una imagen, a sonreír y a vender”, se enfrentaron a una situación que puso a prueba otras formas de hacer, pensar, sentir y decir.

Lechner (1998) señala que para vivir, salir al encuentro de lo esperado, hay que exponerse. Y la calle es el símbolo de lo imprevisible, de la exposición a todas las amenazas, pero también el símbolo de lo posible. “Sabemos que cortar la calle molesta”, afirma Carina. Algunos automovilistas tocaban sus bocinas en señal de apoyo.  Otros tantos, dice, “ni sabían por qué cortábamos. Nos gritaban ‘vayan a trabajar’”. Algunos la apodaron “la piquetera”. Es que la marcha evocaba al piquete (o corte de ruta), repertorio de protesta hegemónico desde principios de los 2000, y despertaba las resistencias y enojos de muchos.

Le Corbusier fue posiblemente el mayor arquitecto del siglo XX y el más influyente. En su L’ Urbanisme, suerte de “manifiesto modernista” (Berman, 1989), no dudaba en proclamar la destrucción de la calle de la ciudad para convertirla en ruta automovilística. Quería modificar el espacio urbano que lamentaba que fuera todavía “un sistema de habitación” y no de “circulación”. “¡Debemos acabar con la calle!”, declaraba fervoroso en 1924. La calle como espacio común de la acción humana, de la política (mirada arendtiana). Había que crear “un nuevo tipo” genuinamente moderno que fuera una “máquina de producir tráfico”. Una ciudad planificada para el movimiento ordenado: no hay personas, excepto las que manejan las máquinas. No hay peatones no mecanizados y desprotegidos que entorpezcan la circulación. La perspectiva del “nuevo hombre del coche” generó los paradigmas del diseño y la planificación urbana modernista del siglo XX que aún hoy calan hondo. Un mundo espacial y socialmente segmentado: acá la gente, allá el tráfico; acá el trabajo, allá las viviendas, entre barreras de césped y hormigón.Pero el espacio es un lugar practicado, advierte De Certeau. La calle geométricamente planificada por los expertos urbanistas, como lugar ordenado y legislado, se transforma en espacio por la apropiación e intervención de los caminantes, de los manifestantes, de los comerciantes y los vecinos. El espacio es entrecruzamiento e interacción de movilidades, de tiempos, de velocidades. Es contingencia que desafía los cálculos. En esta “colisión fugaz e inestable” (Gorelik, 1998) entre forma (materialidad) y política (acción humana), entre Estado y sociedad, una parte de Balbín una vez a la semana, al menos, dejaba de ser la avenida “productora de tráfico” y se transformaba y resignificaba en la calle donde se protesta y resiste al túnel.La perspectiva del “nuevo hombre del coche” generó los paradigmas del diseño y la planificación urbana modernista del siglo XX que aún calan hondo: aquí la gente, allí el tráfico; aquí el trabajo, allí las viviendas, entre barreras de césped y hormigón.En septiembre, los comerciantes recibieron una noticia esperanzadora. Frente al amparo presentado, el juez interviniente requirió al gobierno el informe del impacto ambiental de la obra y resolvió que, hasta entonces, se suspendieran “todos los trabajos iniciados en el lugar, así como la instalación de obradores y maquinarias”. Días después el obrador, que había sido cubierto con pintadas en aerosol de “No al túnel. Saavedra de pie”, era retirado. “Ganamos una batalla”, cuenta Carina. Pero no se terminó: el Gobierno de la Ciudad inmediatamente apeló la medida.

Por ahora, Balbín continúa sin túnel. Algunos dicen que todo “permanece calmo” por las elecciones, alguna que otra voz arriesgada propuso ir a Plaza de Mayo pero no tuvo eco. Carina me aclara: “No nos animamos a tanto, nos quedamos en el barrio. Nosotros somos pacíficos, somos comerciantes”.

 

Bibliografía:

BERMAN, Marshall (1989) Todo lo sólido se desvanece en el aire. Buenos Aires: Siglo XXI.

DE CERTEAU, Michel (2000) La invención de lo cotidiano I. México: ITESO.

GORELIK, Adrián (1998) La grilla y el parque. Espacio público y cultura urbana en Buenos Aires, 1887-1936. Buenos Aires: Editorial Universidad Nacional de Quilmes.

LECHNER, Norbert (1986) “Los miedos como problema político”. Material de discusión, programa FLACSO Santiago de Chile, N°79, Enero.

VOMMARO, Gabriel; Morresi, Sergio; Bellotti, Alejandro (2015) Mundo Pro. Anatomía de un partido para ganar. Planeta: Buenos Aires.

Fuentes:

http://www.buenosaires.gob.ar/noticias/nuevos-pasos-bajo-nivel

Hay nuevos pasos bajo nivel, estamos uniendo la Ciudad

http://www.clarin.com/ciudades/Pasos-nivel_0_792520845.html

Versión taquigráfica de la audiencia pública:

http://www.buenosaires.gob.ar/agenciaambiental/audiencias-publicas

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