Universidad y territorio

La fábrica recuperada “19 de Diciembre”, la Confederación de Trabajadores de la Economía Popular y el Área de Articulación Territorial de la UNSAM participaron del  Conversatorio sobre Economía Popular, en las 2° jornadas de Estudiantes. La experiencia de los trabajadores, la institucionalización de la lucha y el rol de la universidad fueron algunos de los principales ejes de debate.Una profesora del Bachillerato Popular “19 de diciembre” pone en cuestión el primer tema. La experiencia de la fábrica recuperada, que lleva el mismo nombre, y su articulación con el bachillerato, plantean una discusión sobre cuánto avanzar en la lucha para lograr la formalidad institucional. El bachillerato popular está reconocido por el Estado, pero la fábrica sigue peleando la personería jurídica como empresa recuperada por una ley nacional de expropiación. El objetivo: poder participar de los derechos laborales esenciales para salir de esta categoría que ellos conciben como de “trabajadores de segunda”.El bachillerato está reconocido por convenio, pero el problema no se cierra ahí: el Estado no asume la modalidad que los profesores y las profesoras emplean a la hora de trabajar con sus estudiantes en las clases, la “pareja pedagógica”. Ésta se basa en el trabajo de pares de docentes como principal mecanismo de enseñanza.

El Estado reconoce un solo cargo por materia, por lo cual, los integrantes del bachillerato socializan lo que reciben como salario y lo distribuyen entre los docentes que trabajan en el bachillerato, en función de las horas que dicta cada uno.Para el mantenimiento del edificio y el funcionamiento de las actividades, el bachillerato se organiza de manera autogestiva. Por eso es de vital importancia la participación activa de los estudiantes que asisten a clases en la creación de eventos, festivales, ferias y actividades para recaudar fondos. Eso produce una vinculación con la escuela y la comunidad que conforma lazos de solidaridad y compañerismo, y la conciencia de que entre todos deben cuidar el espacio, que tanto esfuerzo les cuesta llevar adelante.El bachillerato y la fábrica no pueden verse como dos cosas distintas: al contrario, constituyen una continuidad. El proceso de recuperación y puesta en funcionamiento en términos autogestivos de una fábrica requiere de la necesidad de articular la lucha con otros espacios, instituciones y organizaciones para fortalecer el proceso.De esa experiencia surge la necesidad de desarrollar un bachillerato, para dar un debate en torno a cuestiones que  atañen a la noción de economía popular, con el foco puesto en la idea de construcción colectiva del conocimiento a través de las experiencias de las personas involucradas.“Como efecto complementario de la recuperación de la fábrica, nace la necesidad de desarrollar un bachillerato. El objetivo es dar un debate sobre las cuestiones que involucran la noción de economía popular, con el foco puesto en la construcción colectiva del conocimiento”Algunos estudiantes del bachillerato cuentan su experiencia, a modo de cierre. Cursar allí les permite aprender y desarrollar valores: compañerismo, solidaridad y compromiso con el lugar. La experiencia de organizarse para recaudar fondos genera cuidado del lugar y de las cosas, logros que se consiguen con el esfuerzo de todos los compañeros y compañeras.Los trabajadores cuentan cómo en el proceso de recuperar la fábrica para ponerla en funcionamiento, se dan una serie de experiencias nuevas; los trabajadores se enfrentan a otras circunstancias, diferentes a cuando trabajaban en relación de dependencia. Todo esto abre un universo nuevo de problemas a resolver pero también de soluciones creativas. Porque hay una serie de responsabilidades para sacar adelante la fábrica colectivamente: discutir cómo se organiza el trabajo, quedarse más horas que antes trabajando, asumir que no se tiene obra social. Situaciones que, cuentan, van creando fortalezas.La fábrica fue “parida por el hambre”, todos los que trabajaban allí habían quedado en la calle. Con la toma se abrió un nuevo escenario de organización colectiva, para ponerla nuevamente en funcionamiento. Y se volvió fundamental fortalecer el proceso mediante la articulación con otros actores: el bachillerato, el apoyo de estudiantes, artistas, todo lo que sume para fortalecer la lucha. En esa articulación, la fábrica se transforma, así como también se va transformando la manera de realizar y pensar al proceso productivo.La fábrica comienza a convertirse en una empresa social, en la cual ya no se puede concebir la producción como una propiedad privada, sino como un proceso del que participan diversos actores de manera conjunta. Todas estas cuestiones eran impensadas al inicio, en el momento de la toma. Entonces, el trabajo, ¿es una propiedad privada o es un bien social?“La fábrica se va transformando en una empresa social, en la cual no se concibe la producción como una propiedad privada, sino como un proceso del que participan diversos actores de manera colectiva”Habla un compañero del “Movimiento Evita” de General San Martín. Nos cuenta que su fuerza política nació del movimiento de trabajadores desocupados en el proceso de la aplicación de políticas neoliberales en la década de 1990. En un contexto de hiperconcentración de la economía, con elevadas tasas de desocupación, era necesario pensar, en tanto trabajadores, la puesta en marcha de alternativas, nuevas formas de producción. Estas debían surgir necesariamente de la solidaridad con las luchas que llevan adelante los trabajadores, más allá de las identidades políticas, y para la construcción de mayorías. Es allí donde se plantea el rol de los intelectuales: en relación a la necesidad de elaborar modelos teóricos que permitan pensar y tomar iniciativas en esta coyuntura, atendiendo a las especificidades que se dan en los diferentes países de América Latina.Destacando la figura del vicepresidente de Bolivia, Álvaro García Linera, se trae a colación el aporte de conceptos nuevos para pensar cómo crear alternativas en nuestras regiones, como la noción de “Buen vivir” que se presenta en oposición a un “vivir mejor” relacionado con la idea de acumulación que constituye el corazón de la forma de vida que promueve el sistema capitalista.En este sentido, es importante que esta construcción se realice de manera colectiva, y que las universidades, a través de la formación de intelectuales comprometidos con la realidad social, participen en la elaboración y desarrollo de políticas concretas para los sectores populares. Este es el vínculo que se tiene que dar entre la universidad y el territorio, un debate que debe darse en la universidad, con los trabajadores como protagonistas, para ir hacia una construcción colectiva de alternativas posibles a este sistema de capital concentrado, proponiendo la construcción de una agenda política en torno a las siguientes cuestiones: Tierra, techo y trabajo, como derechos fundamentales que hacen a la identidad común de todos los sectores de la población que han quedado excluidos del mercado de laboral.“Las universidades, a través de la formación de intelectuales comprometidos con la realidad social, deben participar en la elaboración y desarrollo de políticas concretas para los sectores populares”

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