En círculo

Metodología: del griego, su definición mezcla las palabras “más allá”, “camino”, “estudio” y “razón”. Para nuestras disciplinas es tan esencial como problemática, tan necesaria, como condicionante. En esta sección, nos proponemos revisar lo que hacemos y sobre todo, cómo lo hacemos. Y empezamos con los Círculos de estudio porque en ellos las tradicionales maneras de aprender están desde el vamos puestas en discusión.Los Círculos de Estudios son un dispositivo pedagógico de autoformación y co-formación que se apoya en la hibridación de metodologías de aprendizaje experiencial. Se contraponen a la verticalidad de la enseñanza clásica, buscando diluir los modos jerárquicos en la pedagogía, respecto a un “portador de un saber” y el “receptor”. Procurando así, objetivar el conocimiento, a partir de su reconstrucción y re-significación desde la participación y las experiencias de cada participante.

Dicho dispositivo se nutre de las experiencias que se desarrollaron en el campo de la educación popular. Tuvo su origen en el siglo XIX búlgaro (1856-1910) a través de las “Chitalishtes”, suerte de centros culturales o de salas de lectura comunitaria abiertos al conjunto de ciudadanos. Posteriormente, fueron utilizados como herramienta de formación sindical iniciándose en los Estados Unidos en la década de 1870.

La idea fue llevada a Suecia por sindicalistas, cooperativistas y por el embrionario Partido Social Demócrata para formar a sus seguidores. Allí los círculos de estudio florecieron. Hoy en día, casi tres millones de suecos participan en más de 300.000 círculos de estudio cada año, en su mayoría subvencionados (pero no controlados) por el Estado. Se utilizaron en Suecia para la formación sindical básica, para trabajar temas importantes a los que se enfrentaban sus ciudades convirtiendo a sus participantes en activistas con compromiso social.Actualmente, más allá de las ya señaladas iniciativas, identificamos experiencias en Italia (en particular en la provincia de Génova), en Francia (Redes de intercambio recíproco de saberes y los Talleres de pedagogía personalizada) o en México (en organizaciones estudiantiles).

Para el caso, en la UNSAM (Universidad Nacional de San Martín) en los últimos dos años, se han realizado alrededor de 24 Círculos de Estudio de distintas temáticas. Se llevaron adelante en diálogo con cerca de 10 Universidades –entre ellas University of Leeds (Reino Unido), Instituto Nacional de Ciencias Sociales (Brasil); Universidad Nacional de la Plata, Universidad de Buenos Aires–, con la participación de 30 organizaciones sociales, fundaciones y movimientos –entre ellas, la Agencia VP Digital de Brooklyn, New York– y 28 docentes invitados tanto de la UNSAM como de otras Universidades del mundo (Guatemala, Perú, Bolivia, Colombia). Participaron de aproximadamente 200 estudiantes a través de distintas pedagogías y video-conferencias.

Teniendo como objetivo promover y reconocer espacios de formación experimental, participativa y horizontal a partir de la exploración de diversas propuestas realizadas por diferentes miembros que forman parte del ámbito universitario, los Círculos se centran en una problemática, una obra, un concepto, una idea, un discurso o un autor, en aras de una construcción social del conocimiento. Transforman los modos de transmisión del saber, ya no sólo desde un saber autorizado y legitimado por una disciplina, sino por un saber que se construye en base al encuentro entre las distintas experiencias y conocimientos de los participantes.

Con relación a su desarrollo práctico, estos Círculos de Estudio surgen voluntariamente, a partir de una propuesta presentada por uno o varios estudiantes, docentes, investigadores de la comunidad UNSAM. En caso de propuestas externas, deberán estar asociados con algún miembro de la comunidad UNSAM, y lograr encuentros regulares para explorar, a través de un diálogo animado y enfocado en una lógica de horizontalidad, una problemática particular. Este dispositivo pedagógico hace parte del programa de Formación Experiencial de la secretaría académica de la UNSAM.

Rompiendo el tabú: Hacia una nueva cultura de la muerte.
Ante lo poco desarrollada que se encuentra la temática de la muerte en la Licenciatura de Antropología Social y Cultural, decidí desarrollar, durante los meses de abril y junio del 2014, un Círculo de Estudios que abordara esta temática. Fue así que nació “Rompiendo el tabú. Hacia una nueva cultura de la muerte”.

Al haber organizado un Círculo de Estudio que giró en torno a una categoría que yo pretendía fuera objeto de mi futura investigación para la tesina de grado (la muerte), el mecanismo me permitió, como primer aporte, evaluar esta misma desde un verdadero enfoque multidisciplinario. Esto fue así debido a una de las características esenciales que presentan estos mecanismos pedagógicos: el estar abiertos a toda la comunidad. Pese a funcionar todavía publicitariamente dentro de un marco restringido que generalmente se encuadra en el mundo académico en el cual la universidad se desempeña, los Círculos de Estudio están abiertos a cualquier persona a la que le interese la temática analizada. Aún más, no sólo pueden participar como oyentes, sino que cualquier individuo puede (y debe, de alguna manera) participar de los debates que se crean al interior de los mismos. En mi caso esto produjo una confluencia de estudiantes de filosofía, de antropología, de sociología, personas ya licenciadas en estas carreras, personas licenciadas en psicología en otras universidades, personas pertenecientes al ámbito de la medicina, la literatura, e inclusive, personas ajenas a todo ámbito académico, que se acercaban con una profunda y sincera curiosidad. Todos ellos reunidos el mismo día, a la misma hora, en un mismo espacio físico, durante dos meses.

Considerando que la temática de la muerte no se encuentra concentrada en el contenido bibliográfico de ninguna materia específica de la carrera, me vi en la problemática de que no me bastaba con la lectura de autores pertenecientes a las ciencias sociales que hubieran estudiado esta cuestión antes de mí. Si bien la lectura fomentaba mi conocimiento sobre el tema, varios otros universos académicos y no académicos también me estaban vedados por el hecho de desconocer sus lógicas. La organización de un Círculo de Estudio cuyo eje temático fuera la muerte me permitió retomar críticamente toda la bibliografía leída, a partir de la conjunción de una diversidad de nuevas miradas. Pude ver entonces cómo la bibliografía a la cual yo me había acostumbrado, era ahora apropiada por individuos pertenecientes a universos muy diferentes al mío. Y mediante esta apropiación, estos mismos individuos debatían y comentaban acerca de lo que para ellos, desde perspectivas que iban desde los más amplios procesos estructurales hasta los más íntimos desarrollos biográficos, significaba la muerte.

Así fue que, buscando yo también fomentar la comprensión multidisciplinar de los diferentes significados que la muerte suscita, organicé cada bloque con la intensión de abordar el tema desde disciplinas y enfoques que fueran disímiles, pudiendo llegar a verlos, una vez terminado el Círculo de Estudios y en su globalidad, como complementarios. De esta forma, recorrimos y debatimos sobre temas como la historicidad de las prácticas relacionadas con la muerte, la dialéctica filosófica del binomio vida/muerte, el suicidio, la medicalización de la muerte y las prácticas mediante las cuales los individuos perpetúan su continuidad simbólica ante la desaparición física.

Muchos de los debates sobre estas temáticas se libraron en una total confluencia de ideas, en la cual cada uno aportaba, desde su disciplina el conocimiento, que creía pertinente. Otros aprovechaban su especialidad en aspectos como la literatura, el cine, o series de televisión, para hacer interesantes analogías con la bibliografía analizada. Al adentrarnos en el tercer, cuarto encuentro, la confianza con los otros permitió que se empezaran a contar anécdotas personales como argumentos válidos en la comprensión de una temática tan compleja y discutida como es la muerte, algo sobre lo que cualquier persona puede opinar. Sin embargo, dadas temáticas tan específicas y controversiales, los participantes no siempre coincidían en sus argumentos y estas tensiones, producto de esa discordancia, fueron uno de los mayores aportes que el Círculo de Estudio me otorgó en relación a la elaboración de mi tesina de grado.

Como un ejemplo emblemático de estas tensiones, traigo a colación aquel encuentro en el cual debatimos acerca del suicidio. Dejando de lado la minuciosidad, rápidamente el debate opuso a quienes pertenecían a la Antropología Social y Cultural y la Sociología de un lado, y a quienes pertenecían a la Psicología del otro. El debate giró en torno a determinar si efectivamente la persona que ha efectuado el acto de suicidarse es diferente, en algún punto, a aquella que no lo comete. En pocas palabras, si el suicida tiene un perfil identificable y, aún más, algún trastorno de tipo mental que lo lleve a cometer el acto de quitarse la vida. Más allá de la irresoluble cuestión, ya que no pudo llegarse a un acuerdo, el aporte se encuentra en otro lugar. Está en la tensión misma, en la posibilidad de poder tomar una categoría y ponerla en juego en disciplinas cuyos supuestos teóricos son diferentes a los de la disciplina que uno estudia y que muchas veces uno los internaliza con la seguridad de que son los correctos.

Hubo un gran número de tensiones similares, pero retomarlas todas sobrepasaría los límites de este artículo. Como comentario último resta nombrar los aportes que hube de recibir de aquellos que además de estar interesados en la muerte como concepto, se dedicaban específicamente a la medicina y/o a los cuidados paliativos (ya que mi tesina, además de tener como temática la muerte en general, se centraba sobre prácticas de cuidado de personas con enfermedades terminales). Desde su experiencia como médicos/as y estudiantes de cuestiones relacionadas con la medicina, me permitieron conocer marcos interpretativos del significado de la muerte (y de la vida también) que me eran completamente ajenos, y con los cuales me iba a terminar encontrando en un futuro en el trabajo de campo necesario para la tesina. Pude entonces, al haber desarrollado este Círculo de Estudios, relacionarme con el campo de investigación de una forma completamente diferente, con un foco mucho más amplio, y de una forma mucho más comprensiva y reflexiva.

Marcados los aportes, y su potencial multidisciplinario, queda únicamente invitar a todos aquellos que lo deseen, a conformar un Círculo de Estudios en torno a un tema que sea de su interés. Es una experiencia gratificante que aporta tanto desde lo teórico como desde lo práctico al desarrollo de investigaciones, tal como puede ser, en mi caso particular, una tesina de grado.

Claire et Marc Heber-Suffrin, L’Ecole éclatée, Paris, Stock, 1981 ; Paris, Desclée de Brouwer, 1994, préface Edgar Morin.

https://www.redescirculodeestudios.blogspot.com.

Los resúmenes en detalle de las sesiones del Círculo de Estudio pueden leerse públicamente en el blog que fue elaborado para este fin (https://www.lamuertetabu.blogspot.com.ar).

También te podría gustar...

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *