Entrevista a Agostina Mileo

Candela Bach habló con Agostina Mileo, también conocida como «La Barbie Científica» sobre los puntos a tener en cuenta de la nueva ley de financiamiento científico y tecnológico, la particularidad de la ciencia como herramienta de política sanitaria y el surgimiento de movimientos anti ciencia a escala global. 

M: En uno de tus primeros newsletters en Cenital decís lo siguiente: “No hay una entelequia homogénea que agrupe toda posición posible bajo un manto de objetividad”. Esta expresión me hace pensar en los intentos por presentar el conocimiento y su producción despojados de cualquier ideología o posición política posible. ¿Cómo consideras que esta concepción de la ciencia afectó a la toma de decisiones en términos de política sanitaria en este contexto? ¿Es relevante discutir con esta mirada objetiva y universal de las ciencias para pensar políticas públicas?

AM: Yo creo que durante la pandemia hubo una suerte de reducción de los datos o lo que muestran los datos, la cantidad de datos, de composición demográfica con una política sanitaria inequívoca. Se mostraban gráficos y circulaban tablas y era como “bueno, es evidente lo que hay que hacer” como si la política sanitaria pudiera definirse sólo a partir de ciertas variables “objetivas” y esas decisiones no dependieran de un conjunto de interacciones del mundo de la política. Hay ahí una suerte de apelación de la ciencia como una herramienta de la honestidad y la transparencia en términos políticos también. Es decir que las políticas públicas se basan en estas cuestiones y así serán finalmente honestas. Esto es, de mínima, cuestionable porque por ejemplo se vio el caso de la administración de Trump en el que una de las científicas que elaboraba estos datos contó como ella llevaba los gráficos y luego veía presentar al presidente estos gráficos modificados. Esto es solo un ejemplo. Me parece que también se sitúa a las ciencias en un lugar de información absoluta y única variable a tener en cuenta en vez de como una herramienta más de discusión y evaluación de las cuestiones.

M: Nos encontramos en un momento en el que, a escala global, cobraron fuerza las ideas en relación a la deslegitimidad de las ciencias: movimientos terraplanistas y antivacunas por poner dos ejemplos extendidos en el mundo. En este escenario ¿crees que estas ideas pueden tener relación con alguna falencia en el proceso de comunicación de las ciencias o incluso con la forma que tenemos de entender la ciencia moderna?

AM: Si, creo que sin duda tiene que ver. No lo explica por completo pero me parece que los comunicadores y las comunicadoras científicas en muchos casos hacemos mal nuestro trabajo y presentamos a las ciencias como algo solamente a ser explicado. La comunicación científica como un proceso que lo que hace es mostrar a las ciencias en un lugar más accesible para ser entendido pero no cuestionado o aprehendido y utilizado o pasible de ser una herramienta de análisis de la realidad. Mucho menos como una herramienta política o de politización o una herramienta de militancia para definir nuestras líneas de base militantes. Entonces sí me parece que estos movimientos que interpelan más a la participación y que de alguna manera subrayan cierta posibilidad de mirada crítica por parte de la población tiene mucha más llegada. Para las personas está bueno que les digan “tu opinión importa” o “podes desarrollar vos mismo una mirada crítica” cuando la comunicación pública de las ciencias es muchas veces “yo te ofrezco esta mirada crítica” o ni siquiera una mirada crítica sino “yo te ofrezco esta producción científica que te voy a explicar pero que no está mediada por ninguna apropiación contextual”

M: Se sancionó el proyecto de ley de Financiamiento del Sistema Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva. Uno de los puntos más interesantes que plantea esta ley es el de desarrollar la matriz productiva a través de políticas de innovación sustentable.  ¿Cómo podemos pensar este objetivo a largo plazo en relación al modelo de desarrollo económico del país?

AM: Bueno, esta pregunta por la ley de financiamiento científico y tecnológico se puede resumir en que uno de sus objetivos es fomentar la innovación en desarrollo sostenible para diversificar la matriz productiva y acá hay un punto importante que es si la ciencia puede por sí misma generar un cambio sistémico o si esto en verdad es una cuestión accesoria que solo se fomenta en el sistema científico tecnológico, cosa que de hecho ya se hace porque sí, es una perspectiva paradigmática de las ciencias desde hace tiempo desarrollar tecnologías sostenibles. Entonces la pregunta es por qué hasta ahora no se ha diversificado la matriz productiva con todos los desarrollos que hay y además si esto está respondiendo a un modelo ¿no? Tenemos un ministro de producción que desde antes de asumir su cargo hablaba de un llamado Green New Deal que hasta ahora nunca se publicó ni explicó de qué se trata. Se muestra a favor de modos de producción con muchísimo impacto ambiental controversiales como por ejemplo la explotación de Vaca Muerta o la instalación de factorías de cerdos. Además vemos que, por ejemplo, cuando se anunció el plan de políticas públicas ambientales no había entre los representantes de los distintos sectores ningún representante de las ciencias. Entonces acá hay una cuestión que tiene que ver con qué rol se quiere que cumplan las ciencias en el modelo de desarrollo. Esto no tiene que ver sólo con financiarlas, más allá de que esto está buenísimo y es necesario. Es decir, no tiene que ver sólo con darles recursos sino con darles poder político también.

M: El pasado 11 de febrero fue el Día internacional de la Mujer y la Niña en la ciencia. En algunas de las entrevistas que das hablas sobre la feminización de los trabajos precarizados en el campo de la ciencias, quisiera preguntarte: ¿de qué manera se evidencia esto? Y, en esta misma línea ¿cuáles son los principales desafíos que enfrentamos las feminidades en este espacio?

AM: Bueno, el tema en Argentina de la precarización del trabajo científico tecnológico se evidencia sobre todo en la figura de los becarios y becarias que no son considerados trabajadores y trabajadoras. Como tales no tienen acceso a derechos laborales de forma completa y en el caso de las feminidades esto impacta más por cuestiones como, por ejemplo,  no tener acceso a una obra social para el grupo familiar o que las licencias de maternidad muchas veces sean incompatibles con presentarse a las fechas de presentación a becas. Entonces, si yo tengo una licencia de maternidad que vence en marzo pero en febrero es el vencimiento de la postulación a becas y no me postulé en febrero lo pierdo y tengo que esperar al año siguiente. Esto está bastante estudiado. Además, por ejemplo, se ve que las mujeres que lideran proyectos reciben menos financiamiento. Esto a grandes rasgos. Por otro lado, el famoso techo de cristal en donde se ve que las mujeres somos mayoría en los escalafones más bajos de la carrera científica hay una inmensa minoría en los más altos entonces tampoco accedemos a los puestos mejor remunerados y de mayor prestigio. Creo que los mayores desafíos que enfrentamos tienen que ver con cómo revertir estas cuestiones en un escenario particular pero que evidencian una violencia sistémica. Esto no tiene que ver solamente con reformar el sistema científico tecnológico sino con un montón de cuestiones que tienen que ver con la cultura en la que vivimos y que muchas veces nos parece inabordables. El desafío más grande tiene que ver con como las feministas científicas nos incertamos en un movimiento feminista más amplio.

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