Autor: Paula Lonza

Contar el cuento, nomás.

– ¡Sos un inútil! – gritó al teléfono una mujer que llegaba a la comisaría. Se coloca atrás mío y sigue: –vengo hacer la denuncia, Iván. Me amenazan que van a matarme y vos no sabes re enviar unas fotos a este número- escupe aún más enojada. La entiendo. La vez que debí hacer una denuncia fueron tantas horas y tantos requerimientos que casi me doy por vencida.
Veinte minutos y tres picaduras de mosquitos más tarde: -acá ya no es. Rodney 501- me indica una oficial sentada tras ese escritorio.
Me doy vuelta. Abro el mapa. Me dispongo a caminar. “Y aquella noche llegue a casa, molida pero contenta. Molida de haber movido el esqueleto. Contenta. Contenta de saber que se puede estar jodida y también contar el cuento”.